Temporada de golondrinas

Por: Damián Catini – Arte: Paula Maneyro

El trabajo intenso, la vida a 2.000 kilómetros de casa, los mitos y los prejuicios murmurados por lo bajo en las noches de vuelta al perro por Villa Regina, el vuelo fugaz de los 16.000 norteños, mayoritariamente tucumanos, que cada verano migran al sur para cosechar manzanas.

Al principio fue el sánguche de milanesa tucumano. Encontrado luego de millones de años, a ambos lados del Alto Valle del Río Negro, entre las capas geológicas de las bardas, acá en Regina, por el chango que vino del norte a trabajar al sur. De corteza crocante y miga blanda. Secada la mila luego de frita en papel de diario; dicen que si abrís el sánguche y estirás la mila en el aire, a trasluz, se pueden leer las noticias. 

O transportado por unos parientes que llegaron desde Famaillá o Monteros, en el baúl del auto, después de haber recorrido 2.000 kilómetros, sin importar el desgaste que el tiempo puede generar sobre cualquier tipo de elemento vivo. Porque acá en Villa Regina, aunque también exista la nalga y el pan, y el tomate y la lechuga, y la mayonesa y el picante, no existe algo igual.

O guardado en las papilas gustativas norteñas. Cuando se logra morder, con la memoria o en un sueño, algo parecido, desaparecen todas esas provincias que están entremedio de Rio Negro y Tucumán y son siempre un paso entre dos cosas. El mapa se comprime y las dos provincias quedan pegadas con el mismo huevo condimentado que liga la milanesa con el rebozador.

Y así, los 16.000 del norte, principalmente tucumanos, que llegan al valle cada verano, pueden bajar mejor cada manzana del árbol, bajo el sol abrasador, tan lejos de casa.

Con las manos sensibles para elegir el fruto correcto y acumularlo con el recolector en el pecho, y luego en bines que son como pechos más grandes. Fruto sensible a los moretones que despiden etileno y pueden contaminar al resto de frutos.

Frío, rocío, calor. Calor, frío, rocío.

El cuerpo se entumece en las gamelas donde se pasa la noche. Gamela, pallet, colchón. 

Anafe, gamela, guiso.

El baño queda lejos y hay muchas personas. El agua escasea. La cama está hecha de la misma madera que sostiene la fruta. El colchón es fino. La humedad por el colchón, por la pared, por el cuerpo. El frío, el calor. El rocío. El pantalón puesto a las 7 de la mañana. Los botines puestos a las 7 de la mañana. Conservan y acumulan: humedad, calor y frío.

Anafe. Rocío. Anafe.

Gamela.

 

***

 

Ganas de volver a verte. De celebrar tu cumpleaños en esas fiestas tucumanas que no terminan nunca. De poner el parlante a los pingazos y que saluden los vecinos cuando pasen por la calle. Ganas de llevarte a la escuela. 

Ganas de irte a buscar a la escuela. 

 

***

 

La escalera que se usa para cosechar, a veces se tambalea sobre la planta de manzanas y el peón cae. Algo se fractura. Y no hay V.A.R para VER si lo ocurrido es real o simulacro, o las dos cosas a la vez, cuando el cansancio tiene la forma de un camión lleno de fruta, alejándose de la chacra y acumulando valor.. 

Y la gente mira y no dice nada.

A.R.T.

A.T.R.

 

***

 

Las golondrinas buscan el verano.

Dicen que vienen a robar.

Dicen que vienen a matar.

Dicen que vienen a tomar.

Pero lo dicen en voz baja, a otras personas, cuando parece que ellos no escuchan.

La golondrina vive poco y se reproduce mucho.

 

***

 

Tarde de enero, el sonido de las plantaciones de manzanas que se mecen. Filas largas y verdes, la misma imagen hacia los cuatro costados. Uno, dos, tres meses.

El chango se tira al borde de la acequia fresca por la tarde, de cara al cielo, y se le vienen –entre el silencio de las plantas– las noches en el tropi de San Miguel. Allá son más simpáticas, quizás se diga a sí mismo. 

Quizás se duerma soñando con lo que daría por una noche de placer físico, de humedecerse por completo hasta olvidarse de palabras como trabajo y dinero. Quizás sueñe, en el frescor de la acequia, con la piel de la que allá quedó entre paréntesis. Con una piecita en su casa de Tucumán, para no estar todos amontonados en esas casas, que al ser tan chicas, como en las gamelas, todos sueñan lo mismo. 

Y en la hora dorada, camina por el centro de Regina y para en el kiosco con la changada a tomar unas frescas que esperan en la heladera, con escarchita esparcida por todo el cuerpo, como canilla de albañil.

Mientras la gente mira y no dice nada. 

Da “la vuelta al perro” y no dice nada.

De la boca para adentro dice muchas cosas que no llegan a escucharse. De la boca para afuera, dice despacio y ellos no escuchan. 

 

***

 

La golondrina es pequeña y nunca anda sola.

Si anduviera solo, qué dirían.

Si anduviera de a muchos, qué.

 Solo unos pocos, lo suficiente. Es el lobo el que vive en manadas.

 

***

 

Y al amanecer, machados hasta el pingo, terminar abrazados al borde del Salado, arroyo que parte la ciudad al medio, o con un cuchillo en el pecho –como en las largas cenas de chacra, en las que algunos compañeros se desconocen–, o con una nube en la cabeza que se queda ahí por días, ya que acá nunca llueve sobre nosotros.

Si las golondrinas vuelan bajo pronostican lluvia.

 

***

Fin de temporada. En la terminal de Villa Regina, El Tucumanito anuncia la partida por plataforma 5. Las cajas blancas apiladas, con manzana adentro, son el único equipaje.

El siguiente artículo contiene opiniones y puntos de vista que son expresados por el autor y no necesariamente reflejan la posición oficial de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Las opiniones expresadas son de naturaleza subjetiva y están destinadas a fomentar la discusión y el intercambio de ideas sobre diversos temas relacionados con la migración y la movilidad humana.
La OIM se esfuerza por promover un diálogo abierto y diverso en el ámbito de la migración, lo que implica la exploración de una amplia gama de perspectivas.
La OIM está consagrada al principio de que la migración en forma ordenada y en condiciones humanas beneficia a los migrantes y a la sociedad. En su calidad de organismo intergubernamental, la OIM trabaja con sus asociados de la comunidad internacional para: ayudar a encarar los crecientes desafíos que plantea la gestión de la migración; fomentar la comprensión de las cuestiones migratorias; alentar el desarrollo social y económico a través de la migración; y velar por el respeto de la dignidad humana y el bienestar de los migrantes.”